
La endometriosis es una de las enfermedades ginecológicas más frecuentes y, a la vez, de las más desconocidas. Afecta a alrededor de 1 de cada 10 mujeres y niñas en edad reproductiva —cerca de 190 millones en el mundo, según la OMS (2023)—, pero muchas conviven con ella años sin diagnóstico.
Qué es
Es una enfermedad crónica en la que un tejido similar al que recubre el interior del útero (el endometrio) crece fuera de él. Ese tejido responde a las hormonas del ciclo: se inflama y sangra cada mes sin una vía de salida, lo que causa dolor y, con el tiempo, adherencias. Hoy no tiene cura, pero el tratamiento controla los síntomas y protege la calidad de vida.
No es un cólico fuerte ni «algo de mujeres exageradas». Es una condición inflamatoria real, reconocida por la Organización Mundial de la Salud, que puede afectar el cuerpo, la fertilidad, el ánimo y la vida diaria. Entenderla es el primer paso para que se tome en serio.
Qué tan frecuente es
Alrededor del 10 % de las mujeres y niñas en edad reproductiva (OMS, 2023). Pese a ser tan común, el diagnóstico suele tardar varios años —con frecuencia se cita un rango de 8 a 10 años—, en buena parte porque el dolor menstrual intenso se ha normalizado.
Es una de las enfermedades crónicas más comunes en mujeres y, aun así, recibe muy poca investigación y financiación frente a otras condiciones de frecuencia parecida. Esa brecha —de atención y de recursos— es una de las razones por las que el diagnóstico llega tarde en casi todo el mundo.
Una enfermedad de todos los países
La endometriosis no distingue país ni cultura: está presente en todas las regiones del mundo. El estudio global de carga de enfermedad (GBD) la ha medido en 204 países y territorios y estima más de tres millones de casos nuevos cada año, con la mayor cantidad en los países más poblados —India, China e Indonesia—, sencillamente porque allí viven más mujeres.
Lo que más cambia de un lugar a otro no es quién la tiene, sino quién logra que se lo diagnostiquen y traten a tiempo. La demora ronda entre 4 y 12 años según el país (OMS), y suele ser peor donde hay menos acceso a ginecología especializada, y para las mujeres de zonas rurales, indígenas o de menores ingresos. La endometriosis es global; la desigualdad frente a ella, también.
La endometriosis en Colombia
Colombia todavía no cuenta con un registro oficial que diga cuántas mujeres la viven, pero las estimaciones hablan de varios millones. Como en el resto del mundo, el mayor problema no es solo la enfermedad: es la demora. Muchas colombianas pasan de 8 a 10 años y por varios especialistas antes de recibir un diagnóstico claro.
Hay un avance importante: la Ley 2338 de 2023 reconoció la endometriosis como un asunto de salud pública y fijó lineamientos para su prevención, diagnóstico temprano y tratamiento integral, además de promover información y sensibilización. Es una herramienta valiosa; el reto ahora es que se aplique de verdad en cada EPS y cada región.
Dónde aparece
Lo más frecuente es en los ovarios, las trompas y el peritoneo pélvico; también puede afectar los ligamentos del útero, el intestino o la vejiga. En casos menos comunes llega a zonas más lejanas, como el diafragma. Su ubicación influye en los síntomas de cada mujer.
Tipos y estadios
No hay una sola endometriosis. En general se describen tres formas: la superficial (sobre el peritoneo), el endometrioma o «quiste de chocolate» (en el ovario) y la profunda infiltrante, que compromete tejidos como el intestino o la vejiga.
Los médicos también hablan de estadios I a IV (de mínima a severa). Y hay algo que sorprende a muchas: el estadio no mide el dolor. Una endometriosis «leve» puede doler muchísimo, y una «severa» dar pocos síntomas. Por eso tu relato importa tanto como las imágenes.
Causas y factores de riesgo
No se conoce una causa única. Se estudian varias hipótesis: la menstruación retrógrada, factores genéticos (es más frecuente si una familiar cercana la tiene), inmunológicos y hormonales. Lo importante es claro: no es culpa de nadie ni se debe a algo que la persona hizo o dejó de hacer, y no se previene con el estilo de vida.
Algunos factores se asocian con más riesgo —tener madre o hermana con endometriosis, la primera regla a edad temprana, ciclos cortos o reglas muy largas y abundantes, o no haber tenido embarazos—, pero tenerlos no significa que vayas a desarrollarla, ni su ausencia la descarta.
Síntomas, diagnóstico y tratamiento
El síntoma más común es el dolor: reglas muy dolorosas, dolor pélvico fuera de la regla, dolor al tener relaciones, al orinar o al defecar, y con frecuencia un cansancio profundo. También puede afectar la fertilidad. Puedes ver la lista completa y las señales de alarma en Síntomas.
Sobre el diagnóstico hay una buena noticia: las guías vigentes (ESHRE 2022, NICE 2024) coinciden en que ya no hace falta una cirugía para empezar a estudiar y tratar la enfermedad. La ecografía transvaginal y la resonancia son clave, y un resultado normal no la descarta. Lo explicamos paso a paso en Diagnóstico.
En cuanto al tratamiento, no hay cura, pero sí muchas formas de controlarla: analgésicos y antiinflamatorios, terapias hormonales (anticonceptivos combinados, progestágenos, DIU con levonorgestrel), cirugía para retirar las lesiones y acompañamiento de fertilidad cuando se busca embarazo. Lo ideal es un equipo multidisciplinario. Más detalle en Tratamientos.
Más allá del dolor: el impacto
La endometriosis no se queda en el cuerpo. El dolor sostenido afecta el trabajo y el estudio —se estima que puede costar alrededor de 10 horas de productividad por semana por mujer— y pesa sobre la salud mental: son frecuentes la ansiedad, la tristeza y el agotamiento de no ser creída. Entre quienes buscan embarazo, una parte importante —según los estudios, cerca de un tercio a la mitad— enfrenta dificultades de fertilidad.
Nombrar esto no es dramatizar: es reconocer por qué merece atención, tiempo médico y apoyo. Cuidar el ánimo y buscar una red también es parte del tratamiento.
Mitos frecuentes
No lo es cuando incapacita: merece evaluación.
No la cura; no existe cura. Los síntomas pueden variar y suelen volver.
Falso: no la descartan (ver Diagnóstico).
No hay forma probada de prevenirla; la alimentación puede ayudar con síntomas, con evidencia limitada.
Todo lo contrario: es una de las más frecuentes en mujeres en edad reproductiva.
No necesariamente; la histerectomía puede ayudar en algunos casos, pero no garantiza el fin de los síntomas.
Reconocer las señales a tiempo cambia el pronóstico. Conoce los síntomas y señales de alarma y, si te identificas, el camino del diagnóstico.
✓ Revisado: julio de 2026 · Fuentes verificadas