La adenomiosis es la hermana menos conocida de la endometriosis, y no es un caso raro: afecta a entre el 20 % y el 35 % de las mujeres. En la endometriosis el tejido crece fuera del útero; en la adenomiosis crece dentro de su pared muscular. El útero se engrosa, se agranda y duele.
Por qué importa que tenga nombre propio
La FIGO —la federación internacional de ginecología y obstetricia— tiene una clasificación estándar de las causas del sangrado uterino anormal que se llama PALM-COEIN. La A de PALM es, literalmente, adenomiosis. Está al mismo nivel que los pólipos, los miomas y la hiperplasia. No es una nota al pie de la endometriosis.
Los tres síntomas principales
La tríada clásica es dolor menstrual intenso, sangrado abundante y dolor pélvico crónico. Muchas mujeres describen además la sensación de un vientre pesado o de un útero agrandado y sensible al tacto.
Hay un dato que conviene conocer: hasta un tercio de los casos no da síntomas. Que no duela no significa que no esté, y por eso a veces aparece cuando se está estudiando otra cosa.
Casi nunca viene sola
La adenomiosis convive con miomas en el 50 % de los casos, con endometriosis en el 11 % y con pólipos endometriales en el 7 %. Esto tiene una consecuencia práctica: si te diagnostican una, vale la pena preguntar por las otras, porque el tratamiento cambia según qué haya.
Cómo se diagnostica hoy: la buena noticia
Durante años se dijo que solo se confirmaba con resonancia magnética, o incluso después de una histerectomía. Eso ya no es así. Hoy la ecografía transvaginal es la primera opción diagnóstica y rinde prácticamente igual que la resonancia: 89 % de sensibilidad y 86 % de especificidad.
La resonancia sigue siendo útil en los casos dudosos, y conviene hacerla entre los días 7 y 28 del ciclo.
Por qué esto importa tanto: si te dicen que hay que esperar una resonancia para empezar a estudiarlo, tienes con qué preguntar. Una ecografía transvaginal es más accesible, más rápida y más barata, y para esto sirve casi igual.
Qué se puede hacer
Hay tratamiento y va por escalones. Antiinflamatorios para el dolor; anticonceptivos orales; el DIU con levonorgestrel, que es la opción hormonal preferida porque actúa donde está el problema. Existen además procedimientos mínimamente invasivos —ultrasonido focalizado de alta intensidad, embolización de arterias uterinas, ablación endometrial— y, para quien ya no desea gestar, opciones quirúrgicas.
Ninguna decisión de estas se toma en una consulta de quince minutos. Llegar sabiendo que existen es lo que cambia la conversación.
¿A quién le da?
La adenomiosis es más frecuente de lo que se cree y suele aparecer después de embarazos y hacia los 40 años, aunque también ocurre antes. Rara vez viene sola: convive a menudo con miomas y endometriosis, lo que puede hacer más difícil saber cuál síntoma viene de cuál. Por eso el estudio mira el conjunto, no una sola cosa.
Qué llevar a la consulta
Tres cosas concretas: cuántos días sangras y con qué intensidad —si empapas una protección por hora, dilo con esas palabras—, si los cólicos han ido empeorando con los años, y si sientes el vientre pesado. Y una pregunta: «¿me pueden hacer una ecografía transvaginal para descartar adenomiosis?».
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El índice con todas las condiciones está en Salud de la mujer. Y si lo que buscabas es endometriosis, su guía va en cuatro pasos: qué es, síntomas, diagnóstico y tratamientos.
Referencias
Adenomyosis, StatPearls / NCBI (National Center for Biotechnology Information). · Adenomyosis, NHS (Servicio Nacional de Salud del Reino Unido). · Adenomiosis, MedlinePlus / Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. · Munro MG et al., Clasificación FIGO de causas de sangrado uterino anormal (sistema PALM-COEIN), International Journal of Gynecology & Obstetrics. · Abnormal Uterine Bleeding FAQ, American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG). · Esta información es educativa y no reemplaza la consulta con tu profesional de salud.